En la noche de los tiempos no existía un lenguaje perfeccionado: los hombres se ayudaban de la mímica y los ademanes para comunicarse. Esto era muy útil para que una tribu tuviera un desarrollo común. Además, los hombres tienen la capacidad de compartir los sentimientos con sus congéneres. Cuando alguien llora tendemos a soltar lágrimas y cuando alguien bosteza, nosotros le imitamos.
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